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Entrevistas a los galardonados en el IX Premio Internacional de Protocolo

JAVIER CARNICER DOMÍNGUEZ

Jefe de Protocolo de las Cortes de Aragón

Medalla al Mérito en Protocolo y Ceremonial

 

“Esta profesión es apasionante, creativa, diferente, pero sobre todo, comprometida”

 

 

Es una persona de talento y de talante. Quienes le conocen difícilmente podrán decir cosas malas de él. Bonachón, simpático, alegre, riguroso, leal y muy trabajador, Javier Carnicer Domínguez, Jefe de Protocolo de las Cortes de Aragón, es un hombre que se toma la profesión de Protocolo como un compromiso, una carrera que, siendo ya mayor, descubrió que la estaba aprendiendo desde que era muy niño. El deporte (bicicleta, fútbol, baloncesto…) y la lectura son sus dos grandes hobbies. Respecto a esta última, no le obsesiona en absoluto estar al día en lo que todos leen. “Me he leído unas treinta veces el Romancero Gitano de Lorca o Campos de Castilla de Machado. Y El Libro de Buen Amor, otras tantas. También escribe de vez en cuando. Aunque por encima de todo esto su tiempo libre es para su familia.

 

- ¿Cómo le sienta esta Medalla al Mérito en Protocolo y Ceremonial que le acaban de conceder dentro de los galardonados en el IX Premio Internacional de Protocolo?

- Es una satisfacción enorme obtener un reconocimiento que procede de la decisión de profesionales y estudiosos del Protocolo. Representa un motivo de orgullo y lo recibo como un honor.

 

- ¿Le han felicitado sus jefes políticos? ¿Le dan éstos la importancia que tiene realmente el Protocolo?

- He recibido muchas felicitaciones. Y eso que intenté que todo se produjese con discreción, pero no pudo ser. Se publicó en los medios de comunicación aragoneses y tuvo una repercusión para mí inesperada.

 

- De todos los actos en los que ha participado en su organización, ¿de cuál se siente más orgulloso?

- Se trata de un hecho que nunca debería haberse producido. Manuel Giménez Abad, diputado de las Cortes de Aragón, asesinado por ETA el día 6 de mayo de 2001. Con el deseo de no ponerlo en práctica nunca, teníamos dispuesto un protocolo de actuación para el caso de que se produjese un supuesto como éste. Fue un reto profesional donde estaban presentes variables nuevas que no son comunes en otras ocasiones. Todas cercanas a las emociones. Todo salió bien. El personal de las Cortes de Aragón fue un ejemplo de compromiso y de buen hacer. Hicimos lo que fue preciso con mucho cariño y con mucho respeto.

 

- ¿Cree que el protocolo como profesión ha alcanzado el reconocimiento social y laboral que se merece?

- Tenemos un camino angosto por delante para conseguirlo. No confundamos nuestro mundo con el mundo. La inmensa mayoría de la población no sabe ni a qué nos dedicamos. Nos ven utilizando cubiertos o vistiendo a nuestros jefes. En nuestro entorno laboral, sin embargo, creo que la percepción es otra. Al menos en Aragón, nuestra profesión y sus profesionales son apreciados tanto en las instituciones como entre las entidades representantes del entramado económico y social.

 

- Usted es Jefe de Protocolo de las Cortes de Aragón. ¿Qué es lo más difícil de su cargo?

- Lo más difícil no está vinculado al ejercicio profesional, sino al personal. Lo más complicado es compaginar un trabajo que te exige dedicación completa y compromiso absoluto con la vida familiar. Todo lo demás, tiene remedio: esfuerzo, dedicación, lealtad y rigor.

 

- Además de dedicarse al protocolo oficial, ha estado al frente de gabinetes de comunicación, ¿Cómo ve la relación entre el protocolo y la comunicación?

- La organización de actos es un componente más de los soportes de comunicación que una organización utiliza para situarse en su entorno.

 

El orden, la sensación de no dejar nada al azar, el amor por el cuidado de los detalles, la transmisión de seguridad en la mecánica de organización de los actos, la correcta atención hacia quienes visitan nuestra sede, son aspectos que van configurando una forma de hacer las cosas. El Protocolo pasa a ser un factor integrante de la imagen de marca. Con resultados muy positivos si las cosas se hacen bien, pero con efectos tan contundentes y en sentido contrarios si se descuidan y se hacen mal.

 

- Ha colaborado y organizado numerosos eventos, el último de ellos como miembro del comité organizador del VII Congreso Internacional de Protocolo. ¿Cómo vive esas experiencias? ¿Son diferentes a la gestión que realiza en su trabajo habitual?

- Nuestro trabajo es diferente todos los días. Nunca hay un acto igual. Tampoco los hay que requieran menos atención. El día que no destine la misma energía a la presentación de un libro que a la celebración de una cumbre de ministros, me dedicaré a otra cosa. Evidentemente, hay actos más relevantes y más complejos. Pero no los vivo de forma diferente que los de cada día.

 

¿Cree que es necesario un cambio legislativo en España en relación a la normativa actual en materia de Protocolo?

- Sí, pero sin ninguna obsesión por unificar criterios entre comunidades autónomas. Quienes me conocen saben que en esta cuestión mis opiniones son un poco transgresoras. En la actual situación, hemos de hablar más del protocolo en una comunidad autonóma que del protocolo de una autonomía. Es más, el futuro, en mi opinión, debería andar por ahí. Es decir, habría de abordarse la cuestión para conseguir consensuar una sustancia protocolaria de fondo, común e idéntica para todo el Estado. Y, al tiempo, correspondería al ceremonial de cada lugar su aplicación con las variedades y singularidades propias. Sería ésta una muestra más de la riqueza y la naturaleza plural de nuestro país.

 

- ¿Qué les diría a los jóvenes que quieren dedicarse a esta profesión?

- Que es una profesión apasionante, creativa, diferente, un reto y una escuela todos los días. Pero, es dura. No es posible dedicarte a estas tareas si tu entorno familiar no comprende tu compromiso. Porque es, precisamente, eso: compromiso. Necesitamos jóvenes que tengan ilusión por seguir con nuestro trabajo y, sobre todo, por aportar nuevas ideas, nuevos valores.

 

- ¿Hay alguna disciplina profesional que le guste más que el protocolo?

- Me encanta mi profesión. Es cierto que mil veces me ha apetecido salir huyendo. Pero tuve la suerte de encontrarme con ella desde niño. Me causó sorpresa descubrir que había personas que se dedicaban a preparar estas cosas. Después, cuando ya me he dedicado a ella, he comprendido que aprendí protocolo desde pequeño. Pedía la vez en la panadería sin saber que estaba solicitando un criterio de antigüedad; o salía al campo cuando jugaba al fútbol sin saber que había un orden determinado de colocación de los equipos; aprendía matemáticas, sin sospechar que tendría que elaborar programas informáticos capaces de distinguir los pares de los impares en una tribuna; o lingüística sin atisbar que tendría que analizar textos, escribir discursos o diseñar invitaciones.

 

 

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