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Se propone considerar a San Lorenzo, conocido como 'el cortés español', Santo Patrón del Protocolo

- La idea proviene de los profesionales aragoneses, y fue publicada en el Heraldo de Aragón por Ángel Pérez, miembro de la junta directiva de la AEP, en un artículo en el que se esgrimen los motivos para esta propuesta
- ¿Considera conveniente nombrar un Santo Patrón de la profesión? Opine en el Foro de Debate

 

 [23 de febrero de 2009]

 

Desde Aragón vamos a impulsar la candidatura de San Lorenzo como Santo Patrón del Protocolo en el ámbito internacional, es decir: ‘urbi et orbe’.  Los profesionales del protocolo andamos despatronados y eso no puede ser.  Si alguien necesita urgentemente un santo al cual encomendarse en los momentos de angustia, ésos somos nosotros.   Que estás colocando autoridades en una presidencia y alguien te gruñe un “¡Usted no sabe quién soy yo!”, pues te pones a rezar a San Lorenzo para pedirle que el inconformista de turno sea un mindundi y no un recién nombrado cargo de relumbrón con derecho a sitial preferente.  Que te toca hacer sonar los himnos oficiales y colocar en orden las respectivas banderas de Tonga, las Islas Cocos y Bhutan, pues sacas de la cartera la estampa de San Lorenzo y la besas con unción repetidas veces, antes de ponerte a ello.

Ya sé que, en los descreídos tiempos que corren, ponerse a buscar un Santo Patrón no es lo más moderno, ni se ajusta a un Estado aconfesional y laico, ni puede parecer de recibo a muchos de los y las profesionales que se dedican al protocolo y viajan en los autobuses del “probablemente, Dios no existe”.  Pero hay que tener en cuenta, por  contra, que adoptar una común referencia humana, ejemplarizante y bien relacionada con la Iglesia y lo divino, no puede ser malo, nos va a proporcionar un día festivo en el santoral y permite dar impulso a la creación de premios, cátedras, asociaciones o peñas.  Por ejemplo: Peña de Jefes de Protocolo Cesados “San Lorenzo Mi Patrón, Viva Huesca que es mi Pueblo”.

¿Y por qué San Lorenzo? se estarán preguntando ustedes. Pues porque al santo oscense se le conoce en Roma, donde fue braseado a la parrilla, como “El cortés español”.  La justificación de tan elegante apodo la ha encontrado el jefe de Protocolo de la Diputación Provincial de Zaragoza, el erudito y genial José Luis Angoy, en un libro editado por la Institución Fernando el Católico:  “El antipapismo de un aragonés anglicano en la Inglaterra del siglo XVIII.  Claves de la corrupción moral de la iglesia católica (1724), por Antonio Gavín”.

Antonio Gavín (Zaragoza 1682 - condado de Goochland, Virginia, 1750)  fue un clérigo católico, confesor de La Seo, que tras la Guerra de Sucesión se exilió a Inglaterra, se pasó al anglicanismo, fue capellán del ejército inglés y murió ejerciendo de párroco en América.  En su libro, una crítica corrosiva contra la iglesia católica y sobre todo contra la Inquisición y los confesores, se puede leer lo siguiente: En la iglesia parroquial de San Lorenzo los beneficiarios tienen en gran veneración la cabeza de ese mártir que nació en la ciudad de Huesca, que dista 36 millas de Zaragoza, y luego sufrió martirio en Roma.  No sé cuantos cuerpos tenía San Lorenzo, pero aunque es seguro que sólo tenía un cuerpo y una cabeza, hay dos cuerpos completos del mismo santo: uno en Roma y otro en Huesca; y siete cabezas en la ciudad de Zaragoza.  Le llaman el español cortés y educado porque, cuando San Vicente sufrió martirio en Roma muchos años después que San Lorenzo, como había sido gran devoto de San Lorenzo, se dispuso que su cuerpo fuera depositado en el mismo sepulcro y ataúd que San Lorenzo.  Cuando iban a ponerlo a la izquierda, el cuerpo de San Lorenzo se movió hacia la izquierda y dejó la derecha a San Vicente, cosa de mucha educación y buenos modales.  Por eso, desde entonces, le han llamado el Cortés Español.

Lo de ceder la derecha como lugar espacial preeminente, advierto, es un gesto de gran mérito en el protocolo. Y estando muerto, mucho más. Pero la cortesía de San Lorenzo no queda ahí.  Es sabido que, mientras le estaban asando vivo sobre una parrilla de hierro, tuvo la gentileza de avisar a los verdugos: “venid a comer de éste lado, que ya está asado”, llamándolos así salvajes y caníbales de una manera harto fina y sin perder la compostura. No me digan que no es un modelo a seguir por todo un cuerpo profesional, responsable de aplicar las normas de precedencia, el ceremonial, la etiqueta y las formas, a los acontecimientos más importantes de la vida en sociedad.

Por eso desde aquí vamos a proponer a San Lorenzo como Santo Patrón del Protocolo en el mundo.  Y sólo espero que el próximo 16 de abril, cuando le entreguen en Madrid la Medalla de Oro de la Escuela Internacional de Protocolo al ejeano Javier Carnicer, jefe de protocolo que ha sido de la Expo y en la actualidad jefe de protocolo de las Cortes de Aragón, nuestro laureado colega haga en su discurso un ferviente alegato a favor del santo aragonés, para ir sembrando la importancia de nuestra iniciativa entre la profesión. Si San Lorenzo es ya el Patrón de los cocineros -lo de la parrilla debió resultar determinante en este caso-, con razones de más peso ha de ejercer de protector de los técnicos de protocolo. A la parrilla fue por obligación. Pero la cortesía formaba parte de su propia naturaleza. Como debe ser.

(REDACCIÓN EIP)

 

 

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