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Entrevista a Celina Cuevas, jefa de protocolo de la Universidad de Cantabria

- 'El Diario Montañés' entrevista a esta profesional, al borde de su jubilación, que ha estado 15 años al frente de la Unidad de Protocolo de la institución académica

 

 [3 de junio de 2009]

 

«Delibes nos hizo pasar 10 minutos de infarto»El Diario Montañés ha publicado esta semana una entrevista a Celina Cuevas, jefa de protocolo de la Universidad de Cantabria, quien ha está a punto de jubilarse, tras estar 15 años al frente de la Unidad de Protocolo de la institución académica, y más de 35 años en la Universidad de Cantabria. A continuación reproducimos el contenido íntegro de la entrevista, que puede consultarse en la fuente original a través de este enlace.

En la Universidad de Cantabria se puede cambiar el dicho y proclamar que detrás de un gran rector siempre hay una gran mujer: Celina Cuevas. Oficialmente lleva 15 años como jefa de protocolo pero, desde su incorporación a la institución académica hace 35 años, su trabajo ha estado relacionado con este trabajo. Ahora se jubila y ha vivido tantos acontecimientos en la institución que le cuesta quedarse con uno sólo.

-¿Qué trabajo realiza un jefe de protocolo?

-Resumiendo, yo diría que el trabajo de un jefe de Protocolo consiste en planificar, organizar y coordinar la ejecución de todos los actos académicos solemnes y los eventos de carácter institucional que tienen lugar en la universidad, además de apoyar y asesorar en los que se realizan por los diversos centros; cuidando de que se cumplan las normas de protocolo y de que todas estas actividades sean un fiel reflejo de la cultura corporativa de la institución.

-¿Cuáles han sido los mejores y peores momentos en estos 35 años de trabajo?

-Ha habido muchos momentos buenos y malos. El peor, sin duda, fue tener que atender a la organización de los actos que realizamos con motivo del fallecimiento del rector Juan José Jordá, por las implicaciones afectivas, por no tener referencias en otras universidades de cómo llevar a cabo el sepelio de un rector y por la inmediatez con la que hubo que organizar todo, fue un momento muy duro. Recuerdo algunos otros momentos ya más anecdóticos; en una ocasión, en la apertura de los Cursos de Verano que se realiza en la iglesia de Santa María en Laredo, teníamos todo perfectamente organizado y estábamos muy tranquilos. Comenzamos a formar el cortejo académico a la hora señalada y entonces nos dice Miguel Delibes, que era quien leía la lección inaugural ese año, que si le hemos puesto en la mesa un flexo. Le contesto que no, pero que no se preocupe que hay muy buena luz en el templo y me dice que él precisa una luz puntual y que si no está colocada no puede impartir la lección. En aquellos años no había móviles, eran las ocho de la noche, el comercio estaba cerrado, nos encontrábamos en lo alto del pueblo y en una iglesia.... No sé como lo hicimos; mientras yo le decía al secretario general que parase el cortejo, todo el equipo salió corriendo y alguien consiguió en una casa particular un flexo y una alargadera. Fueron 10 minutos de infarto. Pero al final el cortejo desfilo con toda normalidad, como si no hubiera pasado.

-¿Y todos los actos tienen tanta tensión?

-No, he vivido momentos muy emocionantes. Hace unos días en la Universidad de Huelva los responsables de protocolo de las universidades españolas acordaron por aclamación concederme la mención de honor de nuestra asociación. Ha sido el reconocimiento de mis propios compañeros que me entregaron el diploma a las puertas del Rocío y de manos de Javier Carnicer, jefe de Protocolo de las Cortes de Aragón, organizador del protocolo de la Expo de Zaragoza y todo un referente para los que nos dedicamos a esta profesión. Creo que para mi los mejores momentos son aquellos en los que al finalizar un acto nadie se acuerda del protocolo, todo ha ido como si allí no hubiese habido una intervención previa y los que saben lo que hay detrás se acercan y te dice ¡perfecto!... ese es un momento que compensa todo el trabajo.

-¿Qué recuerdo guarda de los rectores con los que ha trabajado?

-He trabajado con los siete rectores que ha tenido la Universidad de Cantabria. Mantengo un recuerdo muy bueno de todos ellos; unos como Gómez-Laá por su personalidad; otros por haber vivido con ellos todo el proceso de evolución democrática y de elaboración de los primeros Estatutos como el rector Ureña. El rector Vinuesa consolidó la figura del jefe de Protocolo. Me obligó a salir, a viajar, a relacionarme con las demás universidades, a colaborar en consolidar la situación protocolaria de la UC y a resaltar la singularidad del ceremonial universitario no como una actitud contrapuesta a las demás instituciones sino como un enriquecimiento dentro del conjunto de las instituciones cántabras. El actual, Federico Gutiérrez-Solana, es muy receptivo. Respetuoso con las opiniones técnicas, humano, un rector que te hace sentir parte de su proyecto por una universidad que cada día responda más a las necesidades de la sociedad cántabra. Haber tenido la oportunidad de trabajar al lado de todos ellos supone para mi un orgullo y un honor.

-Está hablando de rectores con una gran personalidad y carisma ¿Han seguido siempre sus consejos sin protestar?

-¡Dios me libre de dar consejos! Lo que si hacen en escuchar y yo me precio de exponer siempre que me lo piden mi criterio técnico con toda lealtad, luego ellos deciden que para eso los hemos elegido.

-El presidente Revilla, con su espontaneidad ¿es el terror de los jefes de protocolo?

- Revilla sabe administrar perfectamente su espontaneidad. Desde luego cuando viene a la Universidad el presidente, que es un universitario de pro, conoce el ceremonial, lo respeta y se comporta como el más disciplinado de los claustrales. Eso sí, quiere que se cumplan los tiempos establecidos y nos pide que llenemos el Paraninfo. Poco a poco lo vamos consiguiendo.

-En su profesión ¿se vale más por lo que se calla?

-Creo que hay un poco de leyenda en eso, los jefe de protocolo como cualquier profesional que se encuentre cerca del poder tienen la obligación de ser discretos.

-¿Qué es lo más bonito de su trabajo?

-La 'cocina' el saber por qué y para qué hacemos las cosas; cuando consigues que todo el aparato externo refleje la imagen que la institución tiene de sí misma y ves que las personas que han intervenido y asistido a un acto han captado ese mensaje, eso es lo más bonito.

-No me diga que Bolonia también afectará al protocolo.

Por supuesto que le afectará, la interrelación que va a haber entre las universidades europeas a todos los niveles nos va a obligar a adaptarnos y a coordinarnos y eso también ocurría en lo protocolario.

(EL DIARIO MONTAÑES. Fuente original - Foto: ANDRÉS FERNÁNDEZ)

 

 

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