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El diseño y elaboración, totalmente artesanal, corre a cargo de la empresa madrileña Alfombras Peña, con dilatada experiencia en este campo

 

La Comunidad de Madrid estrena reposteros con motivo de la fiesta del 2 de mayo

 - La fábrica recurre a su departamento de Genealogía y Heráldica para mantener inalterables tanto los motivos como los detalles de los escudos respetando en todo momento la normativa aplicada a los emblemas

 

 [3 de mayo de 2006]

 

Con motivo de la festividad regional del 2 de mayo, la antigua Casa de Correos, sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid, se engalanó para la ocasión con los tradicionales reposteros que reproducen los escudos de España y de la Comunidad de Madrid. En esta ocasión se estrenaban cuatro de estas obras de arte en hilo, elaboradas de modo totalmente artesanal, y que fueron encargadas ex profeso por la Dirección General de Relaciones Externas del gobierno regional.

Más de dos meses se necesitan para elaborar cada uno de estos reposteros con base alcántara bordados a mano y con cenefa aplicada sobre el mismo material. Unas manos los cosen, otras los tiñen y otras los estudian y controlan concienzudamente. La fábrica encargada de su realización, Alfombras Peña, cuenta con un departamento de Genealogía y Heráldica que cuida que se mantengan inalterables tanto los motivos como los detalles de los escudos respetando en todo momento la normativa aplicada a los emblemas. No en vano esta casa cuenta con una dilatada experiencia y colabora de manera habitual con numerosas instituciones del Estado.

El escudo de Madrid, toda una declaración de intenciones

Mucho se ha escrito y descrito el Escudo Español, pero quizás para muchos -incluso madrileños- sea menos familiar la descripción del emblema que les representa y el significado de sus símbolos.

La composición del escudo de la Comunidad de Madrid quedó reflejada en la Ley 2/1983, de 23 de diciembre (revisada posteriormente el 5 de febrero de 2003) como sigue: "El escudo de la Comunidad de Madrid consta de un solo cuartel de gules y en él, de oro, dos castillos pareados, almenados, donjonados, aclarados de azur y mampostados de sable, surmontados en el jefe por siete estrellas de plata, colocadas cuatro y tres. Al timbre, corona real, cerrada que es un círculo de oro engastado de piedras preciosas, compuesto de ocho florones de hojas de acanto, visibles cinco, interpoladas de perlas y de cuyas hojas salen sendas diademas sumadas de perlas, que convergen en un mundo de azur, con el semimeridiano y el ecuador de oro, sumado de cruz de oro. La corona, forrada de gules".

Igualmente, dicha ley, en la exposición de motivos inicial, justifica la elección de los símbolos:

"Los símbolos, por servir de identificación a los pueblos, tienen una vocación unitaria y deben, en consecuencia, estar por encima de las diversas opciones y proyectos políticos e ideológicos por correctos y ajustados que éstos sean. Recogen la herencia del pasado, las vivencias del presente y los proyectos de futuro.

El pueblo de esta Comunidad tiene pasado y motivos de exaltación. Pese a la injusta identificación Madrid-centralismo que se ha efectuado, hay hechos colectivos que se conservan en la memoria y tradición popular y así sólo en el primer decenio del siglo pasado Aranjuez, Madrid y Móstoles marcaron hitos importantes en el paso definitivo de España a la edad contemporánea.

Pero el pueblo de Madrid es fundamentalmente un pueblo joven, nuevo, con un crecimiento demográfico acelerado desde comienzos de siglo, que se ha formado con la llegada de gentes de todos los pueblos de España, siendo de esta manera, y desde luego, estando llamado a serlo aún más, un crisol de las diversas culturas españolas. Por otra parte, las instituciones de autogobierno son completamente nuevas.

La bandera de la Comunidad es roja carmesí. Madrid indica con ello que es un pueblo castellano y que castellana ha sido su historia, aunque evidentemente el desarrollo económico y de población haya sido diverso. La Comunidad de Madrid, formada en muchos casos por pueblos y municipios que pertenecieron a Comunidades Castellanas limítrofes, expresa así uno de sus rasgos esenciales. La previsión contenida en el artículo 32.3 del Estatuto de Autonomía no era más que un reflejo de aquéllos. La Ley incorpora este símbolo. 

Las siete estrellas, procedentes del escudo de la villa de Madrid, se hacen también susceptibles de verse extendidas al resto de la Comunidad Autónoma, de atender sobre todo a las dos leyendas que les dan origen.

Los castillos de oro sobre gules del escudo escogen, recogen también, el más característico símbolo castellano. Las dos comunidades limítrofes los lucen como emblemas. El hecho de estar pareados simboliza la pretensión de la Comunidad de Madrid de ser lazo entre las dos Castillas, fundiendo el símbolo fundamental de una y otra, al tiempo que viene a proyectar su propia complexión extensiva hasta los límites precisos de las cinco provincias que la abrazan: Toledo, Guadalajara y Cuenca, pertenecientes a Castilla-La Mancha; Segovia y Ávila, integrantes de Castilla-León. 

La corona real de España, como remate del escudo de la Comunidad, hunde su tradición en la historia madrileña y enlaza con el hecho de haber sido Madrid, por largo tiempo, sede de la Corona, quedando en el marco de la antigua provincia y actual Comunidad la espléndida huella histórico-arquitectónica de los Reales Sitios. La nueva Autonomía tiene por capital la misma que es de la Nación al tiempo que residencia oficial del Rey, símbolo de la unidad y permanencia del Estado en su forma política de monarquía parlamentaria. Todo ello, tradición y modernidad, hacía aconsejable inscribir la corona en el escudo de la Comunidad naciente, como así hace la Ley".

 

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