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Las corridas de toros conllevan todo un glosario de estilos protocolarios

 

Ceremonial taurino, las formas de la gloria

 - El origen de este arte, los entresijos de un rito consagrado como tradición nacional, las precedencias aplicadas a toros y toreros y el análisis de los momentos más marcados por el ceremonial quedan reflejados en este artículo publicado por la Revista Internacional de Protocolo

 

 [12 de mayo de 2006]

 

En estos días la capital española se mueve en plena efervescencia de la feria de San Isidro y para muchos son más que ineludibles las castizas tardes de toros en le madrileño coso de Las Ventas. Desde el 12 de mayo al 9 de junio, son muchas las ocasiones que tienen los aficionados -y aquellos que no lo son tanto- de contemplar ampliamente en qué consiste el ceremonial taurino, qué formas, precedencias, ritos, órdenes o símbolos se aplican a esta consagrada ya como fiesta popular.

A este tema ha dedicado sus investigaciones un ex alumnos de la Escuela Internacional de Protocolo de Madrid, Juan Manuel Jiménez, que dejaba constancia, en forma de artículo, de sus pesquisas en la Revista Internacional de Protocolo núm. 26. A lo largo de varias páginas, el autor repasa la historia y el origen de este arte, si bien, es desde siempre patente la falta de datos concretos sobre el auténtico inicio de la fiesta. Como afirma Jiménez, "lo que es indudable es que en torno a este largo y duro camino de evolución, siempre ha existido un ceremonial que se ha ido modificando y adaptándose a los cambios producidos por el desarrollo y la profesionalización de este arte".

El ayer y el hoy del paseillo dejan patente el peso de la tradiciónEntre los temas que se desarrollan a los largo del texto están: el nacimiento, la herradura y el registro de los toros; el traslado de éstos y su desencajonamiento poco antes de la corrida; el reconocimiento y el sorteo, siendo ésta una práctica impuesta a finales del siglo pasado (en la actualidad si las reses son de diferentes ganaderías no existe tal sorteo si no que se lidian por orden según su orden de antigüedad); el vestido de torear (y cómo el oro en los trajes de luces es usado por los matadores, novilleros y picadores mientras que la plata es exclusiva de los banderilleros) y la corrida, momento que concentra las mayores dosis de espectáculo y los elementos más claros de ceremonial. Desde el rezo previo hasta el paseíllo, pasando por la espera en el patio de los miedos perdidos -esto es, el callejón-  o el despeje de la plaza -que hoy por hoy es una acción meramente simbólica-; los saludos, el sistema de actuación de la presidencia o la belleza del acto de nacimiento a la profesión: la toma y confirmación de la alternativa.

Todo lleva un estricto orden, y si hay precedencias que afectan a los bravos, no podían ser menos los novilleros. Cada uno ocupa el lugar determinado por su antigüedad y se reservan el privilegio de aparecer cubiertos en la plaza aquellos que ya han visto muchos cosos de arena. Los nuevos en una plaza, los que van a tomar la alternativa o los que la confirman esa tarde se mostrarán descubiertos en el tradicional paseíllo.

 

 

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