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El hermano franciscano Ovidio Dueñas es el encargado de conservar esta tradición

 

La ‘ceremonia del agua’ se repite en el Río Jordán cada último jueves de octubre

 - Desde Jerusalén ya se han enviado dos botellas que se utilizarán –como es tradición– en el bautizo del hijo de los Príncipes de Asturias

 

 [28 de octubre de 2005]

 

El hermano franciscano Ovidio Dueñas es el encargado de recoger el agua bendita27 de octubre. La fecha por sí sola no presentaría ninguna relevancia especial para los integrantes de la comunidad franciscana del Convento de San Salvador en la Ciudad Vieja de Jerusalén. Sin embargo, es un día importante porque, como cada último jueves de octubre, el hermano Ovidio se traslada hasta la orillas de las bíblicas aguas del Río Jordán para ejecutar la tradicional ceremonia de recogida del agua bendita.  

Sin más protocolo que la sencillez, pero sin variar un ápice el ritual que viene repitiendo desde hace tantos años. Este franciscano, natural de Burgos –bajo la atenta mirada de tres policías de fronteras israelíes y dos soldados jordanos (el Jordán es frontera entre ambos países desde 1967)- ata una cuerda a una vieja lata de conservas y la tira hacia el medio del río (hay que tomar el agua del lugar en el fue bautizado Jesucristo). Se mueve lentamente a pesar de que este emotivo acto ayer tomaba más relevancia de lo habitual dada la cercanía de un nuevo bautizo en la Casa Real Española, y finaliza en media hora su tarea: llenar tres bidones de agua sagrada. Como él mismo afirma “el agua no se vende, se regala. Con ella no hacemos negocio y desde que se ha dado publicidad a los bautizos reales con agua del Jordán, no hacemos más que recibir pedidos”.  

El agua, sucia de limo, necesita ser hervida y filtrada para después ser introducida en unas botellas de vidrio lacradas, con la inscripción “Aqua ex Jordane” y la insignia de la Cruz de Tierra Santa que datan de 1930. En ellas, se conserva todo el año. Dos de estos recipientes fueron entregados el pasado domingo al Cónsul de España en Jerusalén para que el agua sea utilizada en el bautismo del próximo hijo de los Príncipes de Asturias. 

En este acto, el hermano Ovidio no está solo, todos los franciscanos acuden en peregrinación hasta el punto enfrente de Jericó. Cuando termina la ceremonia del agua este franciscano participa en la misa que oficia el Vicario de Tierra Santa, el fraile español Artemio Vítores. En ella, son muchos los peregrinos que renuevan las promesas del Bautismo. En esta ocasión, unos trescientos fieles, con el Cónsul General de España, José María Ferré, en primera fila, participan en el oficio religioso. 

Tras la ceremonia, la peregrinación continúa hasta el convento de Jericó y el Monte de las Tentaciones.

 

 

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