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Era de prever el fiasco logrado con el intento de dotar de letra a la ‘Marcha Real’

- La realidad es que es una música de saludos a los Reyes, no la expresión de la soberanía nacional

Por FERNANDO RAMOS *

 

 [enero de 2008]

 

Como era de temer, el intento de dotar de una letra a la Marcha Real ha acabado en un nuevo fiasco. Lo que falló no fue solamente el decepcionante resultado de un texto inexpresivo e inadecuado por cursi y ramplón; lo que falló fue el procedimiento, el momento elegido y la falta de clima social para que cuajara una iniciativa como ésta. Hemos sostenido que un himno nacional no se improvisa. A veces surge como por casualidad cuando el pueblo hace suya una canción, véase La Marsellesa; en ocasiones, es el uso y la costumbre los que lo encumbran, como el inglés. Hemos sostenido que dotar de un verdadero himno nacional de España requiere previamente la recuperación de otros elementos perdidos o desvirtuados de nuestra realidad nacional y que, en todo caso, no puede responder solamente al anhelo o –la siempre respetable y valorable-  iniciativa de dotarse de una letra que acompañe a los sones de la Marcha Real.

La decisión del COE de retirar la propuesta de letra para el himno nacional, compuesta por Paulino Cubero, elegida entre 7.000 propuestas, tras el rechazo generalizado que la misma ha recibido, debe conducirnos a replantear totalmente la idea desde cero. Sería un nuevo error que el Comité Olímpico Español, como parece ser su propósito, insista en replantearse el asunto. Alejandro Blanco, presidente del COE, ha explicado en rueda de prensa que ha decidido la retirada de la letra “porque no une y provoca rechazo en la sociedad”. Además, ha recalcado que no ha recibido “presiones políticas” y que el próximo martes se reunirán para estudiar el futuro de este proyecto, que el presidente del COE asegura que no está cerrado. Nuevo error.

Ante esta situación solamente caben, a nuestro entender tres salidas: a) Dejar las cosas como están y a la Marcha Real sin letra; parece la más razonable. b) Plantearse el asunto con mayor serenidad y reflexión, previo consenso nacional sobre la necesidad de una letra que debe ser verdadera expresión del simbolismo que debe poseer para representar a todos los españoles. Es una tarea compleja, dada la dificultad de ahormar un texto sobre una partitura preexistente con la hechura de esta marcha. c) Abrir un proceso ex novo para dotarse de un himno nacional completo, letra y música que se complementen. No parece que este momento histórico lo reclame.

Lo más razonable parece resignarnos a vivir con una realidad. España no tiene propiamente un himno nacional, sino una marcha representativa que hace sus funciones. Solamente, cuando la plena soberanía nacional se encarne en el ejercicio total de sus competencias será el momento de decidir. Está claro. En todo caso, en un asunto tan delicado como los símbolos nacionales, la última y decisiva palabra pertenece al Parlamento.

(*) Fernando Ramos es profesor titular de Derecho de la Información Universidad de Vigo

 

 

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